Nunca he sido un amante empedernido de los grandes pintores ni del surrealismo de Dali, pero más que los elefantitos o las formas fofas que pintaba lo que siempre me ha llamado la atención es el uso que le da a donde situaba al observador. El desde donde vemos algo es vital para una obra y es definitivo si se espera algún tipo de aceptación. Podemos generar un ambiente espectacular, con una interesante idea mostrándola en su esencia más cautivadora, pero si no generamos a quién observa en un punto exacto donde podamos mostrar realmente como es la obra…no servirá de nada el esfuerzo, y pasará a ser uno más del montón. De hecho hay obras de todo tipo que se destacan entre sus pares por su “punto de vista”, ya sea una pintura, una foto, un documental o un cuento.
Este señor nos hace notar que una imagen se hace extremadamente fuerte y hasta casi agresiva si sus perspectivas están bien forzadas. O sea que si dominamos bien desde donde los observadores miraran nuestro trabajo (ya sea práctica o temáticamente) es casi tan importante como el trabajo en sí. Sólo hay que encontrar ese escurridizo punto del éxito.



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